Seguimos con las calaveritas…

Hoy escribo calaveritas con mis amistades y mis lectores. La historia detrás de este experimento está en mi artículo anterior:
¿Quién me escribe una calaverita?.

He aquí la calaverita que dedico hoy a mi amiga Evelyn:

La Catrina no tenía ritmo.
¡El Catrín bailaba sin ella!
Ella buscaba un algoritmo,
para no perder a su estrella.

Mientras la Catrina se consumía,
una tarde Evelyn a Alma educó:
“Cuando crezcas, recuerda, hija mía,
que tu madre al son de Kabah bailó.”

La Catrina al escuchar tal historia,
con excelsa alegría se emocionó:
“A Evelyn me llevo éste día
o el Catrín sin mí baila hoy.”

La Catrina hoy está muy divertida
ya no quiere ni matar,
desde que se llevó a mi amiga
no ha dejado de bailar.

A ritmo de “La calle de las sirenas”,
Evelyn mantiene la fiesta
y en el inframundo ordena
que nadie se tome una siesta.

Para mis lectores: “La calle de las sirenas” es una canción del grupo desaparecido Kabah, que me vi forzada a escuchar al menos 100 veces seguidas, gracias a mi buena amiga receptora de esta calaverita.

Una más, para mi amiga Ari:

Observa hoy la Catrina
que Ari estudia hace días,
bioquímica y medicina,
sin parar al mediodía.

Ari alivia a los niños
que se quejan de jaquecas.
“¿Quién quiere a esos pillos
que se andan queja y queja?”

–observa la Catrina
mientras se rasca la oreja, —
“Muy estudiosa esa niña,
pero ni quién la proteja.”

“A Ariadna hoy me llevo,
cuando a un pillo atienda,
que si la dejo, de nuevo,
hasta la jaqueca enmienda.

Mi amiga Ari se fué,
nos dejó con gran dolor,
entre jaquecas y quejas,
la recordamos con amor.

Adriana Citlali Ramírez

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