¿Quién me escribe una calaverita?

Como les comentaba hace exactamente un año en La Catrina, los mexicanos tenemos la maravillosa tradición de celebrar a la muerte a principios de cada mes de noviembre.

Calaverita de dulce

Calaverita de dulce.

Parte de nuestra celebración incluye escribir “calaveritas”. El año pasado les traté de explicar de qué se trata el asunto. Para los que no recuerdan la explicación, las calaveritas son poemas de naturaleza informal y sencilla en las que se describe, con humor, el encuentro con la muerte de un ser querido, o no querido, o alguien famoso, etc. Hoy les comparto un par de ejemplos –o más, si alguien más se anima a escribir una calaverita–.

Anoche pregunté a mis amigos: ¿Quién me escribe una calaverita?. Tuve una respuesta casi inmediata de un par de amigas comprometiéndose a escribirme una calaverita el día de hoy a cambio de que yo les escriba una. Me fui a dormir con la tarea en mente. Mientras yo dormía, el día continuó en el otro lado del mundo: mi México. En el transcurso de mis sueños, una amiga más (Ceci Domínguez) me escribió la siguiente calaverita:

Iba Adriana por Noruega investigando,
cuando de repente se le apareció la Calaca caminando.
Rápidamente quiso el tiempo estar aprovechando
y sacó su tequila para terminar ese día chupando.

Al despertar, leí la primer calaverita dedicada a mi persona en el 2013. Por lo que contesté con:

La Calaca, muy coqueta,
a Ceci se quería llevar.
“¡Cuando pruebe la galleta,
su vida se va a acabar!”

“Hoy comienza la dieta,”
–pensó Ceci y la galleta evadió.
Se amarró las agujetas
y al gimnasio se dirigió.

Hizo una gran rabieta,
la enfadada Calaca:
“¡En cuanto pise la banqueta,
me llevo a la chamaca!”

Mi amiga Ceci murió,
por quere ponerse flaca.
Mi amiga Ceci cayó
en manos de la Calaca.

He ahí un par de ejemplos de una colorida y humorísticamente literaria tradición mexicana en celebración al Día de Muertos.

¿Quién más me escribe o comparte una calaverita?

Adriana Citlali Ramírez

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