Escribir o no poder escribir…

La semana pasada escribí un poema exitoso. ¿Qué tan exitoso? Lo ignoro cuantitativamente. Fue exitoso desde el punto de vista subjetivo y personal, dada las reacciones y comentarios de mis lectores y compañeros de dVerse. Pero el tema de hoy es lo que sucedio unos días despues de escribir Endless skies and black metal. Resulta que alguien hizo la pregunta de cómo nos es posible escribir un nuevo poema después de un éxito, cómo saber que podemos crear algo más, algo que valga la pena. Mi respuesta fue que las palabras son quienes dictan, en mi caso, el siguiente poema. A veces son palabras que llegan a mi cabeza y me obligan a plasmarlas en papel (real o electrónico) mientras mi mente genera una historia, un evento, un momento literario alrededor de esas primeras palabras. El siguiente paso suele ser el leer mis palabras, mis versos, escuchar su ritmo, deducir su posible significado y borrar lo que sobra. A veces la primera estrofa desaparece, a veces sólo algunas palabras aquí y allá. A veces descubro que el escrito inicial no tiene forma, ni impacto, ni esencia que valga la pena preservar; y en el proceso encuentro ese toque de inspiración que te lleva a escribir un nuevo poema. A inventarlo y descubrirlo al mismo tiempo, en un ritual de extensión de significado de las bellas palabras que el tiempo nos ha ayudado a inventar.

El problema que hoy es que, de alguna manera, la pregunta sobre escribir un nuevo poema después de escribir uno exitoso no ha dejado de dar vueltas en mi mente. Parte del problema es que es una de las primeras veces (es la segunda o tercera vez) en que acepto, que creo, que mi poema es suficientemente bueno. Sobretodo un poema que no escribí en mi idioma natal. La aceptación, el reconocimiento personal me llevan temporalmente a un nuevo estado psicológico, un estado un tanto desconocido, un tanto vulnerable. Es en ese entonces cuando alguien cuestiona el paso siguiente. A pesar de que es un paso que nunca había cuestionado, la pregunta, la inquisición me hacen refleccionar, decirme a mí misma: ¿me pasará a mí? La respuesta inmediata, una vez más es: no. Yo no escribo un nuevo poema para competir con el anterior. Escribo un poema por necesidad de expresar algo, escribo porque las palabras me incitan a escribir, escribo porque no puedo no escribir. Sin embargo, llevo casi dos semanas sin escribir un nuevo poema. Nada fuera de lo común, ya que hace mucho que no escribo diariamente. Pero cuando me siento a escribir, suelo escribir. Hoy no. Hoy intenté escribir algo y lo único que salió de mi pluma fue espuma –como dijo el poeta–. Se que volveré a escribir, pero me pregunto si inconscientemente me he dejado sujestionar por la pregunta de un desconocido en el momento en que mi experiencia podía ser reflejada en el centro de la pregunta misma. ¿Por qué a veces nos dejamos llevar inconscientemente por una idea ajena a nosotros, por un rumor, por un comentario innecesario? ¿Es un momento de deibilidad o una debilidad permanente que no siempre reconocemos, que no siempre aceptamos, que no siempre vemos o superamos? Conscientemente no creo que exista un problema. Pero la sucesión de eventos me han hecho reflexionar al respecto. En mi caso, yo escribo que habrá más poemas. Espero cumplir con mi decreto.

Saludos,
Adri

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