Perspectivas

Perspectivas

Perspectivas

Hay tantas historias como perspectivas. Un cubo puede tener más caras que las que podemos fácilmente contar sin tomar en cuenta tiempo, espacio, luz, reflexiones, refracciones, movimiento, observadores…

En mi clase de análisis literario de la preparatoria, aprendí que hay dos historias con absolutos que pueden ser verdaderas a simple vista, pero si lo son entonces se anulan a sí mismas o entre sí. Por lo que no pueden ser verdades absolutas.

Historia 1: Todas las historias son mentiras.

La historia de que toda historia es mentira es un absoluto. Si esa historia es verdad absoluta entonces “todas las historias son mentiras” es mentira, lo cuál contradice a la historia en cuestión. Ahora, si esa historia es mentira existe la posibilidad de una verdad absoluta alternativa:

Historia 2: Todas las historias son verdaderas.

Si esta nueva historia es verdad absoluta, entonces la primera historia es también verdad (por que también es una historia dentro del conjunto que contiene a TODAS las historias). Pero ya sabemos que la primera historia no puede ser verdad absoluta. Lo que nos lleva a una tercera historia:

Historia 3: La veracidad de toda historia es relativa.

La tercer historia puede ser una verdad absoluta. ¿Por qué? Por que toda historia es verdad o mentira en relación a quien la cuenta o quien la recibe o la lee, escucha, recuerda, vive, sueña, etc. La tercera historia incluso permite dualidad, lo cual es fascinante. Es como leer una novela y ver reflejada un poco de nuestra propia realidad (nuestra historia verdadera personal) en lo que vive alguno de los personajes. El reflejo puede hacer que, por ejemplo, para mí esa novela o esa parte de la novela sea verdad, aunque para alguien más la misma parte sea imposible de creer. Por eso hay que ser cuidadosos con las historias que compartimos y tolerantes con las que escuchamos.

Se dice que toda historia tiene dos caras. Me pregunto: ¿por qué sólo dos? ¿Por qué ver el mundo en blanco y negro cuando hay tantos colores?

Para cerrar les cuento la historia de la foto:
Ayer estuve leyendo la revista MagBook 50 Photo Projects que compré hace un mes en Londres. En uno de los proyectos describen cómo crear fotografías utilizando una bola de cristal o de vidrio y una reflexión interesante. El proyecto se centra en el ejemplo de una chica que sostiene una esfera de vidrio en su mano en su brazo extendido frente a ella. La persona detrás de la cámara elige la perspectiva en que la esfera aparece en primer plano y la modelo en segundo. El ángulo en el que se posiciona la cámara es elegido para que la cara de la chica aparezca dentro de la esfera y la foto es tomada con diferentes f-números para crear (encontrar) un efecto interesante. Al final, el fotógrafo elige una composición tomada con una apertura grande para que la reflexión esté en foco y la modelo borrosa. La revista también contiene diferentes proyectos donde se utiliza una lámpara de mano en movimiento para crear trazos de luz. Yo combiné ambas ideas. Puse un papel negro en el piso y otro en la pared (como fondo), sobre el papel puse un cubo de vidrio que hace años compré en Londres con el “London Eye” grabado en el interior. Puse la cámara en el suelo frente al cubo, apagué la luz, iluminé el cubo con una pequeña lámpara portátil, seleccioné f/8.0 en mi cámara, ISO 200, tiempo de exposición de sesenta segundos, enfoqué el cubo y tomé la foto. En los sesenta segundos moví el cubo varias veces, manteniéndolo por algunos segundos en ciertas posiciones e iluminándolo desde diferentes direcciones, a veces la lámpara apuntando directamente al cubo, a veces apuntando a alguna hoja de color (rojo, verde, amarillo, o azul) que traté de utilizar como reflector. El resultado del quinto intento es la foto de hoy. Esa es la historia que les cuento. (Ignoro si sea verdad.)

Por cierto, ¿qué les han parecido las perspectivas latinoamericanas?

Adriana

<< Licencia y derechos de autor >>

Anuncios