Paréntesis: una venezolana en el Reino Unido

–Artículo invitado. Parte de la serie de las perspectivas latinoamericanas iniciado con Paréntesis: La vuelta al mundo según el alebrije y la salamandra.– 

©2013 María Fernanda Vargas Izquierdo "20 de abril en South Kensington, Londres, al frente de la embajada de Venezuela"

©2013 María Fernanda Vargas Izquierdo
“20 de abril en South Kensington, Londres, al frente de la embajada de Venezuela”

Cambridge, Reino Unido

   Democrá-cy


Pienso en Venezuela y recuerdo haber leído hace poco sobre “protestas por el desabastecimiento, la corrupción, los cortes de luz, la escasez de dólares y la ausencia de la seguridad pública”.

Hoy escribo esas palabras, las leo y pienso en las diferentes protestas que ocupan la agenda del venezolano de hoy. Estas fueron algunas de las razones que llevaron a los egipcios a la calle. Los militares sacaron a un presidente electo, a pesar de que hace un año celebraban en las mismas calles las elecciones, el descontento de las multitudes en la plaza Tahrir fue mayor que cuando sacaron a Mubarak hace un par de años.

En Venezuela, muchos desearían que nuestros militares hicieran lo mismo. Yo no, ya basta de militares. Nuestra historia está manchada de ellos, en los últimos doscientos años hemos sido gobernados en su mayoría por militares que han manejado el país como un cuartel y un cuartel nunca será una democracia.

Un militar acabó recientemente con nuestra joven democracia, apenas nacida en 1958. Paradójicamente, gracias a la democracia este militar golpista se convirtió en presidente electo por voto popular, para luego transformar el país en una dictadura. Aunque tal vez lo podría llamar autocracia, neo dictadura o socialismo del siglo XXI.

El mundo y la política siempre están cambiando, cambian los nombres de los movimientos, cambian los líderes y hasta la maltratada palabra revolución cambia de bando. Hay dictaduras de derecha, dictadores militares que se hacen llamar socialistas, líderes populares electos democráticamente, a los que el poder los distrajo de sus ideales y se convirtieron exactamente en eso que odiaban. Pero al final parece que el fondo es el mismo, la interminable lucha entre los que tienen el poder y los que no.

Pero el problema no es el nombre que se le dé a un movimiento, sino la falta de coherencia. Esa distancia entre el discurso y las acciones, pareciera que caminaran en paralelo y que nunca se interceptan.

El pasado 5 de Julio Venezuela cumplió 202 años de su independencia de España. Hoy precisamente a unos días de dicho evento no se puede hablar de independencia, cuando el presidente “proclamado por el Consejo Nacional Electoral” recibe órdenes de los Castro.

No se puede hablar de soberanía alimentaria, cuando importamos casi el 90% de nuestros alimentos.

No se puede hablar de potencia energética, cuando le compramos gasolina a Estados Unidos.

No se puede hablar de educación y salud, cuando un profesor universitario y un médico ganan menos de 300 dólares al mes.

Yo creo que el ejemplo a seguir no es el de los militares egipcios, sino el de los civiles que están en la calle protestando, los estudiantes, los profesionales, las mujeres que dejaron el miedo en casa para exigir sus derechos y para colocar las bases para una democracia.

Eso para mí es la coherencia, dejar el miedo y la comodidad a un lado y exigir nuestros derechos. Yo creo en la lucha civil, en la protesta pacífica y organizada, siguiendo el empedrado camino de la democracia.

Para los que no estamos Venezuela, vivir la historia desde afuera nos genera mucha ansiedad aunque también nos acerca más a su lucha y a la necesidad de contarle al mundo, donde estemos y en el idioma que sea, esto que nos agobia. A pesar de que sintamos que nuestra voz desde aquí es apenas un pequeño trinar, cada ventana por pequeña que sea debe mantenerse abierta.

Cuando los venezolanos nos reunimos en alguna calle de Londres, normalmente un sábado, para protestar por las recientes elecciones fraudulentas, para pedir justicia, independencia de los poderes, seguridad civil, o porque simplemente estamos hartos de la incoherencia del socialismo del siglo XXI, llevamos nuestras banderas, pancartas y cacerolas y ante la mirada curiosa de los turistas, que invaden las calles londinenses, cantamos desafinadamente nuestra “Gloria al bravo pueblo” y resumimos lo que deseamos en un juego de preguntas y respuestas:

¿Quiénes somos?

Venezuela.

¿Qué queremos?

¡Democracia! ¡Democracia! ¡Democracia!

Hasta que alguien grita: “Díganlo en inglés pa’ que nos entiendan”… y nos sale una mal pronunciada ¡DEMOCRÁ-cy! ¡DEMOCRÁ-cy! ¡DEMOCRÁ-cy!

Maria Fernanda Vargas I

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