En espera del vuelo

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Les cuento que en las últimas 24 horas tan sólo he dormido tres horas, así que es posible que lo que escriba tenga tonos somnolientos. Ayer fue un día normal con una cena mexicana en Trondheim, Noruega, en compañía de una austriaca, una china, una alemana, un noruego, un francés, un vietnamita y una mexicana.

Decidimos hacer un prefestejo del Día de la Constitución noruega con una cena mexicana. Alguien se puede preguntar la relación entre la cena mexicana y el día más patriótico noruego. En el sentido más estricto, no hay relación. En un sentido un poco más creativo, hay muchas razones para que nuestro prefestejo mexicano sea justificado. ¡Ja!

Se rumora que hubo un náufrago vikingo, barbudo y de cabellos rojos, que llegó a las costas del Golfo de México. El extraño ser sobrevivió al naufragio, se instaló en la costa, y en algún momento inició contacto con los toltecas que lo habían estado vigilando a distancia. El joven pelirrojo aprendió eventualmente náhuatl y se unió a la comunidad tolteca. Entre el naufragio y su asimilación tolteca, hubo ese enriquecedor proceso de transculturación. Cuentan, las buenas o malas lenguas, que el vikingo aprendió a comer chile, chocolate y maíz; y en gratitud a tan maravillosos sabores disfrutados por su paladar, compartió sus conocimientos de música para enriquecer y fermentar la semilla de la armonía sonora, hoy conocida como mexicana. Dato extraño es que se murmura que dicho vikingo estaba en contra de los sacrificios humanos y que acabó con ellos, cuando se volvió líder –quizá tlatoani– de los toltecas. Eventualmente, nuestro rojo amigo vikingo murió y su memoria creó a Quetzalcóatl, el dios blanco, el dios más influyente de mesoamérica, conocido como Kukulcán entre los mayas y adorado incluso en zonas incas.

Los vikingos noruegos son los que tuvieron más probabilidad de navegar el barco donde el pelirrojo , el que probó el cacao con chile y quien se convirtió en dios prehispánico, naufragó. A mi me gusta creer la historia porque es pintoresca, es mágica. Cuando lo pienso racionalmente, hay una parte que no coincide con lo que sabemos de la historia no prehispánica: Los vikingos eran violentos, sádicos –hasta cierto punto–, sangrientos, etc. Al llegan a un nuevo lugar, acababan con la población que los trataba de detener, violaban a las mujeres, robaban, se suplían de comida y bebida, y se iban. ¿Por qué el vikingo en tierras toltecas estaría en contra de los sacrificios humanos? ¿Habrá tenido miedo de ser elegido para tan respetado ritual? ¿Aboliría los sacrificios porque no gustaba de la violencia en casa, su nueva casa? ¿Habrá sido un vikingo renegado, rebelde? Es posible que alguna combinación de las opciones sea la correcta. La verdad nunca la sabremos.

Hay una razón más para precelebrar el día noruego con rica comida mexicana. Los noruegos reciben diariamente la calidez mexicana, desde antes de los tiempos de los olmecas. La corriente cálida del Golfo de México baña diariamente las costas del territorio noruego, desde Kristiansand, hasta el norte de Lofoten en el círculo polar ártico. El calor mexicano es lo que mantiene temperaturas templadas (dada la latitud del lugar) en las costas que algún día fueron vikingas.

No sé ustedes, pero me resulta interesante que dos países a simple vista extraños el uno al otro, tengan estas dos historias complejas en común. La primera historia puede ser verdad o mito, pero es un mito que ayudó a Hernán Cortés y sus aliados a ganar la guerra contra el bélico imperio azteca. La segunda historia es verdad, según los conocimientos y la ciencia actual.

Cuando estoy en costas vikingas, yo recibo diariamente con alegría el calor que me manda mi país. ..

En fin, esa es la historia de hoy. Voy rumbo a Kuala Lumpur. Dejé Trondheim con un pronóstico de 22 grados centígrados para los festejos constitucionales. La foto la tomé sobre tierra Noruega alejada de las costas y el calor mexicano. Como pueden ver, en esas zonas las temperaturas no son arriba de 20 grados.

Adriana

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