Paréntesis: El funeral de la Dama de Hierro y la Reina: perspectiva de una mexicana que vive en Noruega

El último viaje de Margaret Thatcher --a la salida de St. Paul's cathedral--.

El último viaje de Margaret Thatcher –a la salida de St. Paul’s cathedral–.

El pasado 17 de abril tuve la oportunidad de asistir (desde la calle) al funeral de Margaret Thatcher. Maggie Thatcher, mejor conocida como la Dama de Hierro, fue una figura polarizante en su país; hay quienes la aman y hay quienes definitivamente no lo hacen. Fuera de el Reino Unido, la Dama de Hierro es un símbolo que representa lo británico. Fue la primera y última primer ministra de el Reino Unido, de 1979 a 1990. Es la persona que más ha durado en el poder británico en forma consecutiva en 150 años. Durante su término, cambió radicalmente la realidad económica de su país. Llevó a su país de tener dos clases sociales dominantes (de las cuales dos tercios pertenecian a la clase trabajadora, viviendo limitadamente de salarios bajos) a tener una clase media dominante, gracias a sus iniciativas de venta de casas, privatización y disolución de sindicatos. No se enfocó en las cláses élites y tuvo mano dura para resolver conflictos. En contra de las recomendaciones de Estados Unidos, luchó una guerra contra Argentina y ganó defendiendo las islas Malvinas, pertenecientes a su país. Fue pieza clave, junto con Reagan y Gorbachov, en la Perestroika y el “término” de la guerra fría. Sus opiniones sobre la Unión Europea no coinciden con el camino que el Reino Unido tomó después de su mandato. De hecho, el voto popular la llevó a un tercer término que tuvo que terminar antes de tiempo, renunciando, por presión de su propio partido que no coincidía con su política europea, entre otras diferencias.

17 de abril, 2013: afuera de St. Paul Cathedral en Londres, donde Margaret Thatcher recibió un funeral de Estado --aunque no se le dió dicho título oficialmente--.

17 de abril, 2013: afuera de St. Paul Cathedral en Londres, donde Margaret Thatcher recibió un funeral de Estado –aunque no se le dió dicho título oficialmente–.

Recuerdo que alguno de mis maestros, mientras explicaba el análisis que Maquiavelo hizo de la forma de reinar de príncipes exitosos –actos que actualmente se conocen como maquiavélicos–, comentó que Margaret Thatcher era un ejemplo claro de cómo lograr objetivos sin que la sociedad (el pueblo) se enoje de más. Es decir, manteniendo al pueblo contento con su líder. No sé si la aseveración es del todo cierta, pues hubo personas que celebraron (botella de champagne en mano) la muerte de la Baronesa Thatcher. Tampoco es de creerse del todo la aseveración si se toma en cuenta que hoy, a 23 años de su mandato, sigue siendo la elegida número uno para dirigir a su país en tiempos de crisis. Ganando frente a Blair, Brown y Cameron, según encuestas recientes (más información en este artículo: London Evening Standard). Después de 23 años, el término o los términos de cualquier primer ministro han sido disectados y analizados un sin fin de veces. Es posible no coincidir con sus políticas, es posible sugerir que haber hecho esto o aquello de forma diferente hubiera llevado a un mejor/peor desarrollo del Reino Unido, es posible cuestionar si alguien más hubiese podido hacer mayores cambios pero es de reconocerce que el Reino Unido que conocemos hoy, con sus pros y contras es el producto de once años de políticas Tatcherianas. Es de reconocerce, que el país regresó a formar parte de los países moviendo las fichas de ajedrez del mundo al término de su período en poder, en radical contraste a lo que era el país cuando ella tomó las riendas.

El día de su funeral, no hubo grandes protestas. Fue el día en que sus seguidores salieron a la calle a celebrar su vida y su legado. Hay muchas posibles razones para justificar la situación, entre otras que en el Reino Unido es un crímen el molestar a las personas en luto. La realidad es que hubo gente protestando en silencio. Fueron los menos. La protesta fue simplemente dar la espalda a la carrosa funeraria a su paso frente a ellos.

Demonstrándose en favor del Thatcherismo.

Demonstrándose en favor del Thatcherismo.

Hubo también mucho ruido sobre los gastos del funeral de Estado. Nota interesante, por cierto, es que oficialmente no fue un funeral de Estado, aunque tuvo todos los elementos para serlo. Resulta que Maggie Thatcher dejó muy claro cómo quería que su funeral fuera. Sus notas no incluían un funeral de Estado. En fin, hay quienes hablaron de el hecho de que no ha habido un funeral de Estado para ningún primer ministro, con excepción de Winston Churchill quien gobernó en tiempos de guerra. En defensa a Margaret, ella también gobernó en tiempos de guerra. Se habló también de el costo, se mencionó la cantidad de 10 millones de libras esterlinas. Hay quienes dijeron que el costo es muy por debajo (¿la mitad?). Ese dinero es pagado por el heraldo público. La economía de el Reino Unido no ha sido la mejor últimamente (aunque se ha recuperado bastante), por lo que resulta lógico que sus opositores se quejaran del gasto. Sin embargo, recordemos lo que ella representa. La primer y única primer ministra de su país y de muchos países de occidente en tiempos modernos. Gobernó en tiempos de paz y de guerra, etc. (Si no recuerdan otros detalles, pueden volver a leer el primer párrafo de este artículo…) No sé ustedes, pero yo creo que la Dama de Hierro se merece el funeral de Estado que se le dio. Pero mi opinión, obviamente, no es la que trajo consenso entre los británicos. Lo que acabó con los dimes y diretes fue el hecho de que la Reina haya decidido asistir al funeral.

El transporte de la Reina.

El transporte de la Reina.

La Reina Elizabeth II (o Isabel II, como se le conoce en español) solamente ha asistido a un funeral de un primer ministro anteriormente, el de Winston Churcill en 1965. A ese funeral, la Reina fue la última persona en llegar. Lo que conlleva, según los diarios británicos, un significado especial en perspectiva con su llegada a el funeral de Margaret Thatcher, pues a éste no llegó al último. La interpretación de los diarios es que con dicho acto la Reina puso a la Dama de Hierro por encima de Winston Churchill. ¿Interesante? ¿Justificado? No lo sé. Se los dejo a su criterio. Otro aspecto importante y de reflexión es el hecho de que la Reina entre los británicos es símbolo de armonía, de unión. Hubo mucho ruido en los días anteriores al funeral. Una gran mayoría de este ruido desapareció cuando la Reina anunció su asistencia (y por ende, apoyo) al funeral.

Margaret Thatcher The Christian 'Man' who saved our nation...

Margaret Thatcher
The Christian ‘Man’ who saved our nation…

La reflexión de esta mexicana que vive en Noruega y que ve a su país, México, y al Reino Unido desde afuera (aunque con cierta cercanía, pues ha vivido en ambos países) es la siguiente: ¿Quién podría ser el símbolo de armonía y unión para los mexicanos? México necesita un símbolo así. Alguien que, en tiempos de intolerancia y polarización, pueda regresar la armonía al país, la aceptación del presente (bueno o malo), pero con la unión para luchar juntos por un futuro mejor. Es horrible leer en los periódicos mexicanos los comentarios polarizados, llenos de insultos para personas que no coinciden con las opiniones de quienes escriben. Es desgastante leer la intolerancia para aceptar que otras personas tienen ideas o creencias que no coinciden con las de alguien en específico y que dichas ideas diferentes no los hacen ser menos o más; mucho menos acreedores de insultos. Es triste que aunque las elecciones hayan pasado muchos meses atrás, se aproveche cualquier noticia que mencione a cualquier partido para luchas y discusiones ignorantes.

Los ricos son más importantes.

Los ricos son más importantes.

Los insultos intolerantes dominan las discusiones, cuando el enfoque debería ser el analizar las noticias mismas, los hechos, las propuestas de los políticos, exigir transparencia, denunciar corrupción, exigir a los gobernantes escuchar la opinión y las necesidades del pueblo, etc. No soy partidaria de los reinados, pero en el funeral de Margaret Thatcher, me pregunté si México necesita una Reina que brinde armonía, unión, paz, esperanza a un pueblo desesperado.

Saludos desde Trondheim,
Adriana

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