Como sucumbir a la tentación

 
¿Cómo sucumbir a la tentación?  

                     El proceso debe ser sensual.   

Inicia con un suspiro o una mirada de “reojo”. La tentación posa distraída, fingiendo no querer ser el centro de atención. Uno, a quien la tentación atrae, disimula falta de interés. Da un paso certero, dos pasos. No puede alejarse. La música comienza como un flamenco. Uno considera la pasión que la delicia, el vicio, el antojo podría despertar. El escalofrío en la espalda nos recuerda ser fuertes. Evitar esa tentación, perdición. “¡Zzzsst!” “¡Zzstt!” ¡Es una danza entre rivales! Secretamente enamorados, apasionados el uno por el otro. Encantados, condenados a enfrentarse entre sí. Es la danza del venado. El venado se sabe acechado, el cazador está enajenado. Elegancia, sutileza, miedo, encanto. “¡Zzzsst!” “¡Zzstt!” “¡Zst!”
 
 
 

     s  i  l  e  n  c  i  o  
 
 
 

Un tango. “¡Paranmpahpannn!”… La distancia se evapora. El latir de la tentación se siente en el pecho. Un brazo decide escapar. El otro estrecha un poco más. Hay espacio inexistente. La mirada sigue fija. Perdición. Un paso y no hay vuelta atrás. “¡Paránn!” El pie se detiene en el aire. La tentación real/etérea, vibra, deslumbra. El pie deja el aire. Cae.

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