¿Qué les cuento?, que les cuento

Pues hoy no tengo gran inspiración, pero creo que es necesario escribir antes que pase demasiado tiempo y mis tres lectores decidan olvidarse de mi blog para siempre.

Para variar, les cuento que he estado bastante ocupada. El año nuevo me recibió con muchísima alegria y más trabajo que nunca. Adoro mi trabajo, pero a veces, sólo a veces, siento que se toma bastante de mi tiempo libre sin consultarme del todo. Entre la última semana de diciembre y los primeros quince días de enero, tuve que lidiar con un científico actuando como “prima donna” cuando lo único que yo necesitaba era que dicho científico actuara como un ser intelectual y responsable. El asunto se resolvió, no sin antes involucrar una gran cantidad de correos electrónicos, llamadas telefónicas y un viaje a Houston. En fin, así es la vida con artistas y científicos –no todos son tan centrados y maduros como yo (“jajajaja”)–. En lo que va del año, he viajado a Londres dos veces (hoy me encuentro escribiendo desde el Pub Surbiton Flyer), a una junta a Francia, una en Stavanger y una infinidad de juntas distribuidas en cuatro días en Houston, Texas.

Recuerdo que cuando estaba en la secundaria, en segundo de secundaria exactamente, la maestra de orientación profesional nos dejó una asignación interesante. Se trató de hacer un collage con imágenes que representaran cómo nos veíamos cuando tuviéramos 25 años. Como siempre he tenido un sesgo artístico en mi sangre, yo hice mi mejor collage sobre mi vida a los 25 años, que en ese entonces parecían algo lejanos. Puse en mi mini-obra de arte recortes de revistas con maletas, libros, chocolates, mapas del mundo, atardeceres divinos, y una mujer vestida con un traje de ejecutiva (negro, por supuesto) con un portafolios en una mano y una maleta pequeña a su lado. Entregué mi tarea y, minutos más tarde, la maestra me llamó a su escritorio para hacerme una pregunta que a ella le parecía de suma importancia: ¿Qué no piensas casarte? Ante su pregunta, consideré mis opciones de respuesta sinceras y dije: Quizá. Ella me informó que en todos sus años de experiencia con alumnas de secundaria, yo era la primera en no poner un recorte de una novia o de una pareja con niños en su collage de su proyección de vida a los 25 años. A mí me pareció irrelevante el tema, pero ella insistió, pues en su pensamiento tradicional era casi inconcebible que una mujer a sus 13 o 14 años no soñara con una boda, con hijos y con jugar a la casita armoniosa y feliz. Ante su insistencia, le dije que no era que no considerara casarme, simplemente para mí esa parte de mi futuro no era tan relevante como lo que ilustré en mi collage, esa parte era algo que podía o no ser, mientras caminaba el sendero de mis objetivos profesionales/personales. La forma en que me veía era viajando por el mundo, gracias a mi trabajo y a mi educación, conociendo lugares historicos, exóticos, o simplemente diferentes a los que estaban en ese momento a mi alcance; conociendo y trabajando con personas interesantes, educadas, cultas, motivadas por la idea de saber más, de ser cada vez más creativas, de superarse a sí mismas. Ese era mi sueño, le gustara a la maestra o no.

A los 25 años, hice parcialmente realidad dicho sueño. En esos días estaba estudiando mi doctorado en Houston (TX, EUA) y fue entonces que acepté un trabajo de verano en Noruega. Ese fue mi primer viaje pagado por mi trabajo. El siguiente año, tuve otro viaje/trabajo en Noruega y otro en Londres. Al año siguiente, terminé mi doctorado y comencé un trabajo “permanente” con el que fui a Paris, Amsterdam, Londres, Cambridge (Reino Unido), Cambridge (EUA), Utah, Oslo, San Antonio, Colorado, etc. En mi último trabajo, con base en Noruega, he estado viajando a un lugar diferente cada semana por los últimos tres meses. Uno nunca sabe realmente lo que desea hasta que el deseo se convierte en realidad. No me arrepiento de haber soñado con lo que hoy vivo, no soñaría algo diferente si tuviera trece años nuevamente. Sin embargo, a veces, sólo a veces, quisiera viajar un poco menos por un par de semanas, recuperarme de la vida laboral, pasar más tiempo con mi pareja sin tener que empacar o desempacar las maletas. Bien decía mi místico que hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque la vida suele adaptarse a tus deseos y tienes que vivirlos en las buenas y en las malas. Lo que yo les diría a los y las jóvenes soñador@s de hoy es que sueñen muchos sueños y deseen muchos objetivos logrados, sólo así se puede desechar (dado por realizado) un sueño/deseo cada día.

En fin, esa es la historia que les cuento hoy.

Nos vemos en algún lugar en algún momento, o en mensajes en este blog.

Adriana

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