La Catrina

La Catrina — © 2012 Adriana Citlali Ramírez

En México, hoy se celebra el día de los muertos. Es una de mis celebraciones favoritas, una que dice mucho de cómo el mexicano convive con la muerte y con sus muertos. Hay muchas actividades que caracterizan a la celebración de los muertos. Es una fiesta llena de color, luces, flores, aromas, sabores.

En las plazas, la gente compra calaveras de dulce con el nombre de familiares y amigos, a quienes se les regala “su calaverita” con su nombre en la frente del dulce de dicha forma. La calavera quizá sea un recuerdo de nuestra temporalidad, el dulce quizá sea un incentivo para disfrutar de los placeres que dicha temporalidad otorga.

También se acostumbran escribir “calaveras”. Una forma de poesía muy sencilla y poco formal en la que se describe con un toque de humor la muerte de alguien en vida. Generalmente uno escribe calaveras a amigos y familiares. También es común escribir calaveras sobre personajes populares o reconocidos socialmente, como los políticos. Es una costumbre muy divertida, que desafortunadamente parece estarse perdiendo. En mi caso, por ejemplo, hace muchos años que no escribía calaveritas, hoy decidí que si no quiero que la tradición se pierda, debo hacer mi parte. Hoy escribí una calavera en la que la Catrina (la flaca, la muerte, la huesuda, …) se lleva a dos amigas queridas. A una se la lleva mientras canta y baila en la regadera, a la otra se la lleva cuando sale muy arreglada a dar la vuelta. No les voy a transcribir dicha calavera porque es personal. Pero las afectadas ya recibieron una copia. Y una de ellas escribió una calavera para mí. Por lo que es posible que este año, la escritura de calaveras vaya a la alza…

Regresando a la celebración, en las casas se colocan altares de muertos, con fotos de quienes se nos adelantaron en el destino que todos compartimos. Junto a las fotos, se colocan los platillos, dulces, frutas y bebidas favoritas de esos seres queridos. Flores de muerto (cempoalxóchitl) y papeles multicolores dan el toque final. La tradición dice que, en la noche del primero y dos de noviembre, los muertos regresan y se sientan en nuestra mesa a cenar con nosotros. En algunos lugares, como en el estado de Michoacán, se acostumbra ir al panteón a cenar y celebrar el día de muertos. La gente monta el altar y la cena sobre las tumbas de sus muertitos. Los lagos se llenan de velas y flores flotantes. La gente sonríe y disfruta de una cena con sus seres queridos. ¡Es un día de fiesta, de gran celebración!

Hay quienes se sorprenden de tan peculiar día. Lo ven como algo macabro, más no ven la celebración por la vida y los momentos felices que se vivieron con quienes hoy se festejan. Quizá tampoco ven la belleza de poder compartir una noche más con nuestros muertitos, a quienes apapachamos con los sabores que, en vida, disfrutaron tanto.

Los invito a compartir el espíritu mexicano, a reír de la muerte, a jugar a escaparse de ella, a recordar nuestra temporalidad, y apapachar a quienes hoy vienen a visitarnos.

Adriana

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