El insomnio innecesario

No es que no duerma en toda la noche…

Hay canciones que marcan un momento. Hay canciones que se olvidan o recuerdan sin motivo alguno, o sin obviedad.
El insomnio de hoy, como el de a veces, me entretiene con el recuerdo de un momento que había traspapelado hace tiempo. Hoy me hace recordar ‘lucha de gigantes’, canción que me transporta a los pasillos de la universidad; más bien a un pasillo en particular, al que se encontraba (o encuentra) entre los laboratorios y el departamento de física. Es una noche, quizá de invierno, quizá de verano. Cálida como las noches del desierto. Callada como esta noche. Me recuerda a una persona solitaria. Un hombre, estudiante en aquel entonces. Aquél a quien es fácil recordar por su sentido del humor, aquél quien parecía siempre estar acompañado. Pero a quien recuerdo solitario, quizá perdido, buscando sin encontrar, o perdiendo lo encontrado y buscando algo más. Lo recuerdo en ese momento peculiar cuando me pide que le ayude a entender esa canción que hoy me extiende el insomnio. ¿Por qué puede una canción traer un recuerdo tan específico? ¿Por qué creo que escucho esa canción en mi insomnio y, cuando lo hago, me puedo ver descifrando versos que convierten el aire en gas natural? ¿Por qué aún me provoca un dejo de tristeza aquel rostro inhundado de soledad? Un rostro fantasma frente al silencio que sigue tocando esa canción…

¿En dónde se encuentra guardado ese recuerdo que parece perdido en el tiempo, repitiéndose periódica e incesantemente en la noche de hoy? Quizá el axis mundi tiene pequeñas singularidades que se pueden accesar evocando una canción, cual hechizo conjurado por una bruja que no quiere que hoy duerma.

Intento olvidar ese recuerdo descomunal, esa canción que se niega a acabar. Finalmente logro un escaso silencio… Pero llega otro hechizo que se manifiesta en imágenes con olor a cloro. Es otra canción con la que me encuentro en  esa competencia de natación en el deportivo Casablanca, cuando, en medio del afloje (como se le llama al calentamiento en este deporte) se escucha en las bocinas que ambientan el evento esa magnífica armonía vocal conocida como ‘Bohemian rapsody’ de Queen. La música vibra. El afloje debiera continuar. Pero los miembros de mi equipo (quizá no todos) decidimos pararnos (literalmente) a media alberca a rendir homenaje a dicha canción. Puedo ver a Víctor, nuestro entrenador, exasperarse en vano. Lo veo gritandonos, enojado e impotente, desde uno de los extremos de la alberca, gritándonos que sigamos nadando. Lo veo queriendo amenazarnos, queriendo evocar consecuencias sin encontrar ninguna que nos saque del lapsus, que nos incite a continuar nadando. Un instante después regreso a la obscuridad de mi cuarto. ¿Por qué hay melodías, sonatas, canciones, sonidos o silencios que me hacen revivir algo que parecía ido hace mucho tiempo, algo enterrado en los recuerdos generalmente innecesarios en mi vida actual? ¿Será el insomnio lo que despierta tantos sonidos y visiones en medio del silencio y el ruido de fondo? ¿Será el cansancio y la desesperación de no poder soñar profundamente lo que hace que mi mente busque en rincones polvorientos algo con qué entretenerme? ¿Serán reales estos recuerdos o inventos de una mente agotada a falta de descanso físico?

¿Importará si son o fueron reales?

¿Realmente importará?

No creo. Es quizá mi manera de dormir mientras el insomnio cree que me mantiene despierta.

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