Paréntesis religioso/científico y un par de anécdotas

En alguna ocasión (cuando estudiaba la primaria) me causó un gran problema la contradicción que existe entre la teoría de la evolución de Darwin y los siete días de la creación de la mitología cristiana. ¡Realmente hay un abismo entre las dos ideas, y no siempre es fácil ignorarlo! En la escuela aprendí de la evolución del hombre, por ejemplo, y en el museo validaron esas ideas con huesos (o réplicas de huesos) de Australopithecus, del hombre de Cromagnon o de Grimaldi, etc. y con mapas de dónde se han encontrado fósiles, con la edad aproximada de dichos fósiles. Mientras tanto, en la iglesia, en la Biblia, en el catecismo aprendí que todo fue creado por dios en el transcurso de seis días (en el séptimo, descansó).

No fue algo que pudiera pasar por alto. Recuerdo haber discutido esa dicotomía con mis padres. No tengo memoria de su respuesta exacta. Sin embargo, algo me tuvieron que decir para tratar de explicar el fondo de ideas tan diferentes. Yo nunca logré reconciliarlas… En aquél entonces, yo creía o quería creer ciegamente en lo que me decía la religión; sobre todo porque crecí en una tradición católica donde siempre se te inculca el sentimiento de culpa y te dicen que si obras -o piensas- mal “Dios te va a castigar”. Es un gran peso la idea del castigo divino… Sin embargo, ése querer creer ciegamente no fue suficiente como para ignorar todos los hechos e ideas que leí en libros y escuché en las clases de ciencia. Además de que ignorar a la ciencia no era una opción si quería pasar los exámenes…

Sé que, en algún momento, decidí simplemente aceptar que había dos ideas que podían ser válidas bajo circunstancias muy diferentes: la divina y la científica. En el fondo, creía en la teoría científica, pero era mejor no negar abiertamente la divina -por aquello del castigo… Tampoco es que el dilema religión vs. ciencia me quitara el sueño. Quizá sólo lo hacía ocasiones especiales. Mi ventaja fue que, en la escuela, mi educación fue casi 100% laica, como dicta la constitución mexicana, con la excepción de que en las mañanas se rezaba un padre nuestro para iniciar el día escolar -lo cuál es permitido en un colegio privado.

En fin, toda ésta historia vino a mi mente ahora que mi país -México- quiere retroceder más de un centenio en el ámbito educativo y olvidarse de la educación laica. La iglesia católica ha estado metiéndose fuertemente en política con el objetivo de que se cambie la constitución para integrar la llamada “libertad religiosa”, que de libertad religiosa tiene muy poco. La idea es que se instituya la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y gratuitas. Citando a Sabina Berman (Proceso, 07/03/12): “La “libertad religiosa” es un término premeditadamente equívoco. En teoría concede a todas las religiones habidas el derecho a adoctrinar fuera de los templos, por ejemplo en los medios de comunicación y en las aulas del sistema de educación pública, pero traducida a la realidad implica que la Iglesia católica será su única beneficiaria. ¿Qué otra Iglesia puede en México colocar un sacerdote en cada escuela?” Sinceramente no creo que éste cambio a la constitución y a la educación ayude en nada al país. Si se quiere enseñar religión a los niños, se podría obligar al sistema educativo a dar una clase sobre mitología, o teología, en la que los niños aprendan sobre las diferentes religiones que existen o han existido. Se podría dar una clase en la que se aprendan las diferencias y las similitudes entre las diferentes creencias en un espíritu de expansión cultural y tolerancia. Un poco de enseñanza sobre tolerancia en cuestión de opinión y creencias, le vendría bien a México.

Para cerrar ésta entrada, voy a compartir otra experiencia que toca el tema desde otro punto de vista. En primero o segundo de secundaria, fui parte de un debate en la clase de ciencias naturales. Recuerdo que a mi grupo le tocó defender la teoría de la generación espontánea y el grupo contrincante debía defender la evolución de Darwin y las ideas de Pasteur. Pareciera obvio que mi equipo debía perder. Debo confesar que estábamos a punto de hacerlo. El equipo contrario tenía todos los argumentos válidos, creíbles y nosotros nos quedábamos sin ideas. Entonces fue cuando se me ocurrió levantar mi voz y decir que si creíamos en dios (el dios cristiano) entonces sabíamos que él había creado al hombre a partir de barro -¡generación espontánea!. En un vuelco del destino, mi equipo ganó. Claro que el hecho de que, en el debate, un alto porcentaje de los participantes del equipo contrario eran católicos ayudó. Intentaron defenderse con argumentos científicos, pero les ganamos al incitar su sentimiento de culpa y temor al castigo divino.

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