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Hay quienes dicen que el cuatro es el número del microcosmos, el número que simboliza el mundo/espacio que habitamos. Puedo ser parcial a esa perspectiva simbólica, pero no puedo negar la conexión y relevancia entre el número y el símbolo que se le adjudica.

Norte, sur , este, oeste.
Aire, agua, tierra, fuego.
Primavera, verano, otoño, invierno.
Arriba, abajo, adelante, atrás.

En un sentido clásico, el cuatro ha sido elegido para definir las dimensiones y características de nuestro microcosmos, con las cuatro estaciones del año, cuatro puntos cardinales, cuatro elementos, cuatro fases de la luna, cuatro edades del hombre, cuatro direcciones, … Desde un punto de vista relativista, también podemos argumentar que el cuatro nos define el espacio-tiempo que habitamos con sus tres dimensiones espaciales y el tiempo como cuarta dimensión. ¡Aha! Eso fue algo en lo que seguramente Newton no pensó cuando escribió sus tres leyes del movimiento…

No pienso aburrir a mi escasa audiencia con más semiótica de números por el momento. Tan sólo he de escribir que la presente es mi cuarta entrada. No le voy a dar características místicas, ni simbólicas, pero si el mes se define como un espacio de tiempo de cuatro semanas en promedio, entonces ésta entrada marca el primer mes de existencia de El alebrije y la salamandra.  No se si pueda decir que después de un mes, el asunto de escribir en el blog se haya convertido en un hábito para mí, pero si no es un hábito, está en camino de serlo.

En cuanto a la parte personal: Aún estoy en medio de la transición de dejar mi trabajo actual. Hace un par de días envié dos de poemas, que escribí en el 2001, para consideración a una revista. Ayer caminé bajo una lluvia de nieve junto al río Támesis. La vida continúa…

Hasta la próxima semana.

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